Aperturas para el negocio de la gastronomía

22 diciembre, 2015

Normalmente los clientes de un bar acuden a “la parroquia” para pasar un buen rato y disfrutar de la compañía de los amigos que allí encuentran cada día. O para desconectar de la rutina con sus mujeres, maridos, hijos e hijas. Sin embargo, cada día aumenta la tendencia de los clientes que también encargan sus comidas a sus bares de confianza, por ejemplo. ¿Has pensado en incluir la posibilidad de preparar algunas comidas a los clientes como ampliación de negocio? En ese caso, antes de nada, deberías organizarte. Uno de los primeros pasos será adquirir bolsas con el logo del restaurante o el bar. Visitad por ejemplo esta fábrica de bolsas de plástico porque tiene buenas promociones y allí podrás hacerte con un buen surtido de las mismas. El material más estándar que encontraremos, y seguramente el más útil para el volumen de nuestro producto, serán las bolsas de camiseta de materiales biodegradables. En caso de que nos decidamos a incluir la posibilidad de los menús a domicilio, los platos comercializados no ocuparían demasiado y podrían transportarse perfectamente en bolsas de este tamaño. Sí que sería importante, en este sentido, imprimir el logo del bar en la bolsa de plástico. Siempre se ha dicho que las bolsas de plástico impresas son una publicidad inmejorable y muy barata. Y lo cierto es que tiene sentido: ¿quién utiliza una bolsa una sola vez? Muy poca gente, lo que implica que cada viaje en el que el cliente salga con la bolsa de nuestro establecimiento, es publicidad gratuita y, en cierto modo, muy valiosa para nuestro negocio.

Pero volviendo al terreno de la cocina a domicilio, el segundo paso sería delimitar los platos preparados que vamos a ofrecer, y si es posible, determinar una especialidad de la casa, que podrá convertirse en la estrella y el reclamo para los clientes. Por ejemplo, en el barrio de Chamberí, donde antes trabajaba, cada bar tenía su propio “plato estrella” y lo comercializaba como tal. Uno era experto en tortilla de patata, otro en bacalao al pil pil, el de más allá en croquetas caseras, y así una larga lista de bares, a cada cual más castizo, en los que podrías comer toda la semana de plato en plato.

Así, con las cosas claras, se puede llegar a establecer un pequeño modelo de negocio, al principio, que no sabemos si nos llevará a crecer el volumen del mismo. Quizás lo más importante en los primeros días de rodaje sería que los clientes habituales, esos parroquianos de los que hablábamos en el primer párrafo del artículo, conociesen muy bien los platos que estamos cocinando para llevar y que corriesen la voz por el barrio. Aunque parezca mentira en los tiempos que corren, el boca a boca todavía es una fuente de reclamo enorme para este tipo de negocios. La gastronomía se mueve en los términos de la recomendación, ya sea a gran escala o a un nivel pequeño de bar de barrio. No importa. Cocina bien, corre la voz y recoge los resultados. No hay mejor publicidad que el trabajo bien hecho y la satisfacción y regreso del cliente.

Por su parte, la preparación de platos para llevar puede suponer un aumento del negocio, o una diversificación, que en realidad suponga no mucho más carga de trabajo. Incluso se puede establecer un modelo de negocio –existe ya– que trate de ofrecer los platos según los encargos; es decir, si un cliente pide una tortilla de patatas y una  ración de boquerones en vinagre, se haría solo ese plato. Es una manera de evitar tener un stock elevado, algo que en la comida puede suponer un problema si no se vende, y además también supondría una optimización del trabajo, ya que la cocina solo elaboraría aquellos platos que sabría que va a vender seguro.

Este modelo de negocio, en cambio, dependería mucho del teléfono, para lo cual sería primordial imprimir tarjetas, carteles y bolsas de plástico con dicha información. Para que el boca a boca, vecino a vecino, fuese surtiendo efecto y llenando las mesas del vecindario y la cocina de nuestro bar. Evidentemente los tiempos avanzan y cambian. Y las maneras de hacer también. En adaptarse está la victoria, no hay duda, y quien se adapta, triunfa.

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