Las cuerdas que se utilizan en el ámbito de la alimentación son un elemento sorprendentemente versátil y esencial en la cocina profesional y doméstica. A pesar de que a menudo pasan desapercibidas, cumplen funciones fundamentales que van desde el atado de piezas de carne hasta la sujeción de paquetes de alimentos y la presentación de platos, siendo un elemento de precisión, seguridad y estética. Estas cuerdas no son simples hilos; se trata de productos especialmente diseñados para entrar en contacto con alimentos, resistentes al calor y elaborados con materiales que no alteran el sabor ni la composición de los productos.
Una de las características más importantes de las cuerdas de alimentación es su resistencia al calor y a la humedad. En procesos de cocinado prolongado, como el braseado de carnes, la preparación de aves rellenas o la cocción al horno, las cuerdas deben soportar temperaturas elevadas sin deshacerse ni transferir sustancias indeseadas al alimento. Por esta razón, suelen elaborarse con fibras naturales como el algodón sin blanquear o con fibras vegetales tratadas, que son seguras para el contacto directo con la comida y no contienen aditivos químicos que puedan resultar perjudiciales. Esta propiedad permite que las piezas de carne mantengan su forma durante la cocción, asegurando una cocción uniforme y una presentación impecable.
Otra característica destacable es la flexibilidad y facilidad de manejo. Las cuerdas de alimentación deben poder anudarse con firmeza sin resultar demasiado rígidas, de manera que se ajusten perfectamente alrededor de un producto y se puedan cortar o retirar sin esfuerzo. Esta combinación de resistencia y flexibilidad hace que sean ideales no solo para sujetar carnes, aves y embutidos, sino también para atar vegetales en ramilletes o para envolver paquetes de productos horneados. Incluso en repostería, se utilizan versiones finas de estas cuerdas para sujetar rollos de masa o mantener rellenos compactos, demostrando su versatilidad más allá de la cocina salada.
El tamaño y grosor de la cuerda también es un aspecto interesante. Dependiendo del uso, se pueden encontrar cuerdas muy finas para tareas delicadas, como sujetar hierbas en un bouquet garni, o más gruesas para carnes grandes, como el asado de cerdo o de ternera. La elección del grosor adecuado no solo asegura que la cuerda cumpla su función, sino que también influye en la estética del plato terminado. De hecho, en gastronomía profesional, la presentación es tan importante como la cocción, y una cuerda bien seleccionada permite lograr líneas limpias y atractivas que realzan la percepción del plato.
Existen curiosidades históricas y culturales sobre el uso de estas cuerdas. En muchas cocinas tradicionales, las cuerdas se elaboraban artesanalmente con fibras vegetales locales, y en algunos países aún se mantienen técnicas heredadas de generaciones, donde el tipo de cuerda y el modo de atar los alimentos forman parte del conocimiento culinario. Por ejemplo, en la charcutería española, el embutido se ata de manera específica para garantizar que mantenga su forma durante el curado, y la elección de la cuerda influye en la textura final del producto.
Otro aspecto interesante es la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente, tal y como nos cuentan los fabricantes de Cuerdas Valero, quienes nos dicen que hoy en día, muchas cuerdas de alimentación están fabricadas con materiales biodegradables y libres de blanqueantes químicos, lo que permite utilizarlas sin impacto ambiental significativo. Esto refleja una tendencia creciente en la cocina y la industria alimentaria hacia productos más responsables, seguros y naturales, que se adaptan a las exigencias tanto de chefs profesionales como de consumidores conscientes.
¿Qué alimentos típicos de España requieren de cuerdas para su elaboración?
En España, varias tradiciones culinarias utilizan cuerdas como parte esencial de la elaboración de sus alimentos, especialmente en la charcutería y en platos que requieren atado para mantener forma durante la cocción. Uno de los ejemplos más conocidos son los embutidos curados, como el chorizo, la longaniza o el salchichón, que se atan con cuerdas naturales para mantener la carne compacta dentro de la tripa y permitir un curado uniforme. La cuerda asegura que el embutido conserve su forma cilíndrica durante semanas o meses de curación, evitando deformaciones y garantizando que se seque de manera homogénea.
Otro alimento típico donde se emplea la cuerda es el lomo de cerdo adobado o embuchado, donde la carne se ata firmemente para que mantenga su forma durante el adobo y el posterior secado. Esta técnica también se aplica a piezas de carne más grandes destinadas al asado, como los cochinillos, corderos o pavos rellenos, en los que la cuerda permite mantener la carne y los rellenos compactos, favoreciendo una cocción uniforme y evitando que los ingredientes se desparramen.
En repostería, aunque de manera menos frecuente, se usan cuerdas o hilos alimentarios para sujetar rollos de masa rellenos, especialmente en elaboraciones artesanales donde es importante que la forma se mantenga durante el horneado. Asimismo, las cuerdas se emplean para atar ramilletes de hierbas aromáticas que se introducen en guisos, caldos y estofados para infusionar sabor sin dispersar las hierbas en la preparación.
Incluso algunos quesos tradicionales requieren cuerda durante su proceso de maduración. Quesos frescos o semicurados, como algunos quesos artesanales de cabra u oveja, se atan para colgarlos durante la salazón o el secado, facilitando la ventilación y asegurando que mantengan su forma.



