¿En qué consiste la alimentación biológica?

Comer bien es una de las claves para llevar una vida saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mala alimentación provoca el 6 por ciento de las enfermedades degenerativas. Comer bien no significa solo no llevar una dieta inadecuada, sino también consumir alimentos de calidad. De ahí que cada vez más consumidores se interesen por la comida biológica o ecológica.

Los alimentos biológicos son aquellos en cuya elaboración no se utilizan productos químicos (herbicidas, pesticidas, abonos sintéticos, hormonas, aditivos y otras sustancias). Esto incluye todas las fases de elaboración de los productos, tanto en los cultivos de plantas y la cría de animales, como en el procesamiento de los alimentos.

Los alimentos producidos por la agricultura ecológica son asimilados mejor por el organismo y no alteran las funciones metabólicas, ya que no incorporan sustancias artificiales. Como están cultivados en suelos con abonos naturales resultan más nutritivos. Incluyen en su composición más cantidades de vitaminas, minerales esenciales (hierro, calcio, magnesio y cromo) y antioxidantes que contribuyen a prevenir enfermedades como el cáncer. Además, las plantas cultivadas orgánicamente mantienen mejor su sabor, aroma y color naturales.

Agricultura ecológica

La agricultura ecológica no solo se interesa por garantizar la salud de los consumidores, sino también de cuidar el medio ambiente. No emplea productos químicos para combatir las plagas o los insectos ni para eliminar las malas hierbas del terreno, ni recurre a los abonos artificiales para acelerar el crecimiento de las plantas. Estos productos no solo son perjudiciales para el organismo humano, especialmente para el de los niños, aunque se asimilen en pequeñas dosis debido a su efecto acumulativo, sino también para la tierra.

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Cómo cortar correctamente el queso y el jamón

Cortar adecuadamente el queso y el jamón es más importante de lo que parece, no solo porque influye positivamente en su presentación, sino porque sirve para apreciar bien su sabor, su olor, su textura y otras características que definen su calidad.

Cortar queso

El queso, elaborado a partir de la leche cuajada, es uno de los alimentos más antiguos de la humanidad. Los griegos creían que era un regalo de los dioses y que tenía propiedades curativas. Los romanos, que consumían queso diariamente, difundieron sus técnicas de fabricación por todo el Imperio. Desde los primeros tiempos se han desarrollado diferentes formas de elaborar el queso, con distintos tamaños, formas, sabores y consistencias. Hay centenares de variedades de queso, cada una de las cuales ha de cortarse de una forma determinada para apreciar mejor tanto su sabor como su aroma y su textura.

  • Quesos pequeños y blandos: se cortan en triángulos anchos.
  • Quesos pequeños en forma de disco: se cortan porciones en cuña.
  • Quesos de cabra pequeños y medianos: se cortan primero por la mitad y luego en triángulos alargados.
  • Quesos grandes muy curados: se cortan primero por la mitad y después se hacen cuatro cortes en cada una de las mitades. Cada una de las porciones triangulares resultantes de este último corte se descortezan, se tumban y se vuelven a cortar esta vez transversalmente y así sucesivamente hasta obtener triángulos planos.
  • Quesos grandes de rueda: se cortan hasta conseguir pequeños cubos o dados.
  • Quesos en forma de bola: se cortan en dos mitades, las cuales se vuelven a cortar sucesivamente hasta formar pequeñas medias lunas. También se pueden hacer pequeños dados con la parte interior.
  • Quesos azules cilíndricos: primero se guillotinan en dos mitades cilíndricas, cada una de las cuales se vuelve a cortar esta vez para obtener porciones triangulares.
  • Quesos en forma de barra o rollo: se cortan en lonchas más o menos gruesas.
  • Quesos curados: se cortan en forma de cuña triangular.
  • Quesos curados y semicurados con sabores potentes: se cortan en forma de cuñas o barritas de 5 a 10 mm de grosor.
  • Quesos untables o cremas de queso: no se cortan, sino que se unta con ellos el pan normal o tostado.
  • Quesos frescos: se pueden cortar en pequeños triangulitos o a tacos.
  • Quesos blandos o muy cremosos: primero se unta la hoja del cuchillo con aceite para que se deslice más fácilmente y no se quede pegado al queso. Se pueden cortar en pequeños trozos o en lonchas de 5 mm de grosor como mínimo.
  • Quesos como el Cabrales: se cortan en pequeños tacos o en bloque. 

A la hora de preparar una tabla de quesos, se recomienda  colocar los más suaves  en el exterior y los más fuertes en el interior.

Cortar jamón

El jamón, obtenido del salado en crudo y curado natural de las patas traseras del cerdo, es uno de los productos emblemáticos de la gastronomía española. Se distingue entre el jamón ibérico, de cerdos de raza ibérica, y jamón serrano, de alguna variedad de raza de cerdo blanco. Se puede saborear en cualquier época del año, pero para sacarle el máximo partido hay que cortarlo bien, en lonchas finas de tamaño medio y con algo de grasa, y consumirlo a temperatura ambiente.

El jamón se puede comprar ya cortado a máquina, pero algunos creen que así pierde aroma y se alteran las características de la grasa por el calentamiento que produce el rozamiento de la cuchilla. En cualquier caso, la ceremonia de cortar el jamón ayuda a disfrutar más de su sabor. Como utensilios necesitaremos un jamonero para disponer de una buena fijación y la cuchillería apropiada. En este caso, el juego de cuchillos incluirá un cuchillo clásico jamonero con la hoja larga, fina y flexible (para cortar en finas lonchas) y otro dos más pequeños, con la hoja fuerte y ancha (para preparar y limpiar el jamón y hacer cortes precisos en las zonas más angulosas).

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Disfruta de la pizza perfecta

¿Existe la pizza perfecta? En octubre de 2013, Eugenia Cheng, profesora de matemáticas de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, desarrolló una fórmula matemática para obtener una pizza perfecta de 35,5 cm, bien proporcionada y con sus ingredientes bien distribuidos, y lo expresó en una ecuación en la que “d” representa la masa y “t” el relleno. Según ella, la calidad de la pizza depende del equilibrio entre masa y relleno. La proporción de relleno tiene que ser inversamente proporcional al tamaño, de manera que una pizza pequeña ha de llevar proporcionalmente más masa que una grande. Por esta misma razón, las pizzas grandes han de ser preferiblemente más finas.

En cualquier caso, la calidad de la pizza depende de tres factores: la masa, los ingredientes y el horneado.

Preparación de la masa

Es muy fácil preparar la masa de la pizza. Solo se necesita harina (250 g), agua (8-10 cl), levadura fresca de panadero (8 g), aceite de oliva virgen extra (2 cucharadas soperas) y sal (½-1 cucharada pequeña).

  • Se vierte la harina en un recipiente, mientras que la levadura se desmigaja en el agua templada. Una vez diluida la levadura en el agua, se incorpora a la harina junto con el aceite de oliva y la sal, y se amasa la mezcla durante unos diez minutos.
  • Con la masa resultante se forma una bola, que se deposita en un plato engrasado con aceite, se tapa con un paño y se deja en un lugar templado durante 45 minutos para que fermente.
  • Se vuelve a amasar la bola durante otros cinco minutos y se estira la masa resultante sobre una bandeja enharinada. Se vuelve a cubrir con un paño y se deja en un lugar templado durante otros 45 minutos.

Preparación de los ingredientes

Los ingredientes básicos de la pizza tradicional son los tomates y la mozzarella.

  • Los tomates ideales para la pizza son los de San Marzano, una variedad muy utilizada en las salsas tradicionales de la cocina italiana. Si no los podemos encontrar, puede valer también tomate natural pelado en lata o tomate triturado, pero nunca tomate frito de bote o salsa de tomate. Se escurren bien los tomates para que suelten la mayor cantidad de agua posible y se colocan sobre la masa. También pueden sofreírse durante diez minutos en la sartén con aceite de oliva, hojas de albahaca (o una pizca de orégano), una pizca de sal y otra de azúcar, antes de cubrir con ellos la masa.
  • Para preparar la pizza se recomienda utilizar mozzarella fresca de búfala. Se puede reemplazar por otra, pero no dará el mismo resultado. Al igual que con los tomates, hay que secarla para que suelte el agua, lo que se consigue envolviéndola con papel de cocina durante una hora al menos. Una vez hecho esto, se corta en rodajas o tacos para colocarlos sobre la masa.

Existen otros muchos ingredientes que se pueden combinar para preparar múltiples recetas de pizza: sal, aceite de oliva, aceitunas, orégano, cebolla, champiñones, pimiento morrón, pimienta molida, maíz, perejil, albahaca, alcachofas, alcaparras, tomates cherrys, espárragos, berenjenas, ajo pimiento, tomillo, piña, canónigos, calabacín, rúcula, prociutto, anchoas, atún, salmón, gambas, huevo, salchicha, salchichón, salami, bacon, jamón York, sobrasada, queso Filadelfia, queso pecorino, roquefort, parmesano, etc. Hay que tener en cuenta que los ingredientes, especialmente cuando se trata de salsas, han de ponerse en la masa justo antes de introducirla en el horno para que no se ablande.

Horneado

Según el tipo de horno, el grosor de la masa y los ingredientes incorporados a ella, la cocción de la pizza exigirá más o menos tiempo, hasta 20 minutos. Para hacer una pizza muy fina que quede crujiente, se cocerá a horno muy fuerte (250-290 ºC) durante unos 10 minutos. Para conseguir una pizza gruesa y esponjosa hay que hornearla a 220 ºC durante unos 20 minutos. La pizza debe cocerse tanto por arriba como por abajo, por lo que han de estar encendidas las resistencias superiores e inferiores de los hornos eléctricos. Las rejillas metálicas, que se utilizan en muchos hornos para pizzería, favorecen una cocción más uniforme de toda la pizza, que es lo que se ha de conseguir en última instancia.

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Todo lo necesario para disfrutar del vino

decantador vinoEl vino es una de las bebidas más populares en la gastronomía española. Se usa para cocinar, pero sobre todo se bebe durante las comidas o las cenas. Cada tipo de vino acompaña mejor a diferentes platos que se puedan cocinar, pero la última palabra la tiene el comensal, que es quien decide si le gusta más un vino u otro con la carne o el pescado. Además, con la gran cantidad de marcas y tipos de vino que se pueden encontrar en el mercado, las constantes investigaciones en el área de la gastronomía y los consejos de los sumilleres han conseguido que la antigua forma de maridaje (el vino tinto para la carne y el vino blanco para el pescado) ya no sea tan absoluta.

Elementos imprescindibles para beber el vino

Aún así, hay que tener en cuenta una serie de requisitos para conservar el vino hasta el momento de su consumición, su conservación en las vinotecas, así como los accesorios que permiten disfrutar totalmente de su degustación, como los decantadores, las cubiteras hielo o las copas de vino.

Tanto si el vino se conserva en un restaurante como en una casa particular para ocasiones especiales son necesarios una serie de accesorios, los más esenciales son los siguientes:

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